Almaraz ¿larga vida?

Juantxo López de Uralde y yo escribimos juntos en ElDiario.es/extremadura

Pese a que los medios de comunicación nos venden día a día una visión positiva de la energía nuclear, el común de la gente sabe, sobre todo en Extremadura, que el peligro para nuestra vida y para nuestro entorno, es real. 

Pese a que nunca nos cuentan en los telediarios, ni en la prensa escrita, que la central nuclear de Almaraz I y II, tiene cada vez más fallos y más frecuentes, lo sabemos por informaciones que se reciben por otras canales, canales que existen porque vivimos en continua preocupación.

Hace sólo un mes, un grupo de jóvenes amantes del campo (en la acepción laboral de la palabra) comentaban lo agradable que es la zona de La Vera, soñaban en voz alta con instalarse allí y comenzar un proyecto auto-gestionado; pero al plantearse los contras, el primero que señalaron fue la nuclear y decidieron darse un tiempo para valorar hasta que punto estaban dispuestos a arriesgarse.

Una de las cuestiones menos mencionadas sobre las nucleares es la de los residuos radiactivos que su actividad genera. Los residuos radiactivos son el legado que dejaremos durante miles de años en la Tierra, por utilizar durante unos pocos años la energía nuclear. No hay solución para estos residuos, y de momento nos conformamos en almacenarlos en las propias centrales nucleares, o en basureros como el se quiere construir, con gran polémica, en Villar de Cañas (Cuenca). Allí estarán unos pocos años, pero, ¿que pasará con ellos después?

Se habla de boca a oído sobre la posibilidad de que aprueben, o quizás ya este aprobado en alguno de esos acuerdos a los que se llega siempre a nuestras espaldas, la construcción un almacén temporal para esos residuos radiactivos (ATI) en Almaraz. Se trata de una medida imprescindible para prolongar la vida “útil” de la central nuclear hasta completar 60 años, tal y como pretende hacer el gobierno del Partido Popular. Almaraz tiene espacio para acumular sus residuos radiactivos hasta el año 2023, lo que coincide con su tiempo de vida proyectada, o al menos con la licencia de la que dispone. La construcción de un nuevo almacén de residuos sería síntoma indudable de que se está preparando para alargar su vida.

Las mentiras de Soria están de moda, pero aunque hagamos chistes en las redes sociales, no es nada divertido comprobar que su estrategia es mentir y hacer lo que le interesa al oligopolio eléctrico, porque no tiene coste político real. Dicen que apoyan las energías renovables y aprueban leyes que penalizan el uso de paneles solares. Dicen que los puestos de trabajo son importantes, pero han mandado al paro a decenas de miles de trabajadores del sector de las energías renovables. Porque saben que la gente esta verdaderamente preocupada por el futuro del planeta, pero saben también que la inmensa mayoría sigue viendo el telediario sin contrastar lo que es verdadero o falso.

Todos los medios de comunicación autonómicos nos han hablado de los puestos de trabajo que la central de Almaraz contrata 2 veces al año, durante 65 días, para la recarga de combustible de su reactor 1, pero.



Informes de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) nos hablan con cifras del coste que supone en ayudas directas y en exenciones mantener las energías sucias 70.000 millones de euros, sin calcular lo que supondría para el estado español tener que hacer frente a un accidente radioactivo ya que las centrales no están obligadas a hacer frente a los gastos de gestión de los residuos. Los números lo dicen muy claramente, la energía nuclear no es competitiva económicamente.

Por contra, las energías renovables han recibido ayudas de 3.000 millones de euros, sin que tengan para el territorio ningún coste adicional.

Las nucleares y las energías fósiles provocan unos costes externos hasta 23 veces superiores a los costes externos de las renovables ¿hasta cuando nos vamos a seguir dejando engañar?