SumaTuVozPorLosTorosDeCoria

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Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo atrás, en Coria, por alguna razón que nos es desconocida, existía la tradición de perseguir a un joven por las calles mientras la gente lo apuñalaba hasta morir. Dice la leyenda que esa tradición era cruel e inhumana y por eso las gentes de Coria decidieron cambiarla.

La realidad es que en Coria es posible que lleven persiguiendo toros dentro de las murallas desde el siglo III antes de nuestra era. Pocas tradiciones pueden reclamar para sí una historia tan larga. Dicen que es algo que hacían los Vetones y aseguran que, siendo tan antigua, es un tesoro inmaterial, que no se puede cambiar. Sin embargo los Vetones adoraban a la diosa Ataecina, una diosa a la que ya nadie conoce en Coria. Los Vetones dejaban que sus muertos fueran comidos por las aves carroñeras, pero ahora a nadie en Coria se le ocurriría hacer eso con sus seres queridos tras su deceso. ¿Saben por qué? La respuesta es fácil: la vida cambia, nuestra sensibilidad cambia y nuestra forma de celebrar cambia: La vida y la muerte cambian.

La sociedad del siglo XXI reclama un estilo de vida más respetuoso. Más justo, más ético, más humano. Sí, más humano: con todas las criaturas. En la sociedad del siglo XXI no comprendemos la esclavitud, no comprendemos el abuso, no comprendemos la injusticia y, por eso, en nuestra sociedad nos escandalizamos con la violencia de género, con el maltrato infantil y también, porque es parte de lo mismo, con el maltrato animal.

Pero en Coria, para festejar, se persigue por las calles a once inocentes y se torea a un novillo para “incentivar” a los más jóvenes. Doce criaturas inocentes, o más, que son aterrorizadas y que finalmente mueren entre estertores de dolor a la vista de hombres y de mujeres pero, sobre todo, a la vista de niñas y niños que crecen pensando que causar dolor es divertido, en lugar de ser lo que es: un drama.

Las Fiestas de Coria fueron declaradas de Interés Turístico en Extremadura bajo el amparo del Decreto 152/1997 de 22 de diciembre por la Junta de Extremadura, pero somos muchas las personas de esta región que reclamamos una revisión de este decreto, de estas celebraciones y del concepto de fiesta.

Antiguamente, nuestros mayores fantaseaban con la idea de que los toros eran animales feroces. Los imaginaban devorando doncellas o alimentándose de hombres jóvenes. Antiguamente, la fantasía dominaba la vida de la gente y la ciencia parecía cosa del demonio, por lo que no se paraban a pensar que un toro es un herbívoro, hecho para la paz del campo, para rumiar interminablemente y para pelear poco y mal.

Perseguir, acorralar, agotar y dar muerte de un disparo excepcionalmente legal desde 2012, a un toro, no es una tradición: es fomentar la violencia y eso es algo que nuestra sociedad quiere cambiar. Porque nuestros valores han cambiado, porque ahora sabemos que los hombres y las mujeres son iguales en dignidad y derechos y ya no necesitamos festejos que fomenten una masculinidad mal entendida y cruel. Porque ahora sabemos que somos mamíferos, y que los mamíferos compartimos la misma capacidad de sentir: emociones y sensaciones, alegría y dolor.

Todo ser humano responde al instinto primario de ayudar a los demás y, para ayudar, nos unimos, nos organizamos. Para ayudar, nos olvidamos de nosotros mismos, de nuestras pequeñas diferencias y nos agrupamos sin pensar en separarnos por colores ni siglas, para decir con toda la potencia de nuestras voces unidas: ¡NO AL MALTRATO ANIMAL! ¡BASTA DE TRADICIONES CRUELES!

Porque allá donde un ser inocente es torturado y se hace necesario alzar la voz para defenderlo, sumamos nuestras voces por los toros que van a morir en Coria del 23 al 29 de junio.

Sumamos nuestras voces por Cordobés, Guapetón, Volador, Lusitano, Agujilla, Manisero, Buscador, Bonarillo, Pero, Taciturno, Insensato, y ese novillo Alavés que no va a conocer la vida adulta y que va a morir cruelmente entre el polvo y las risas de quienes lo van a usar como si fuera un objeto que no siente dolor ni miedo.

Y con una sola voz, que suma todas nuestras voces le decimos a Coria: ¡Despierta, Coria! y descubre la alegría de una fiesta sin dolor… ¡Despierta, Coria!