Artículos

Escribir, de una forma más o menos encubierta, siempre es dar nuestro punto de vista, ofrecer a los demás nuestras opiniones y desvelos. Escribir artículos de opinión no deja lugar a dudas, es el desnudo más personal.

Aquí dejo una muestra de algunos artículos que he publicado a lo largo de los años, por si fueran de interés para alguien, o aportaran un poco de luz, o sombra, en alguno de los temas que me apasionan.

Acá esta, mis personales reflexiones sobre economía practica, feminismo, religión y cooperación al desarrollo.

Afectuosamente,

Ipe

Artículo para la revista “Imagina”, diciembre de 1999

El hermoso canto de las C.I.G.A.R.R.A.S.

Lo que os vamos a contar podría pasar por una hermosa fábula oriental, por que tiene todo el encanto de la lógica perfecta.

Y por lo mismo queremos comenzar como se deben comenzar estas cosas.

Hace ya mucho, mucho tiempo, (veinte años), en un país cercano a los nuestros (Francia), hubo un grupo de personas que se hicieron conscientes de que tal como estaban planteadas las cosas en el mundo de la economía, los que no tenemos ni capital ni propiedades nunca podríamos llegar a acariciar la posibilidad de formar o consolidar nuestra brillante idea empresarial.

Aquellas personas, que sentían dentro de sí el ansia de un modelo social más justo y buscaban en derredor una luz a la que seguir, pronto se dieron cuenta de que para caminar por el monte de las finanzas, no podían caminar por los senderos cimentados de la banca tradicional, y se decidieron a abrir sus propias vías.

Buscando ideas originales, miraron a su alrededor y aprendieron de la naturaleza, que por ser el sabio con más éxito en nuestras cercanías, suele ser quien nos da respuestas más satisfactorias.

Y se pusieron manos a la obra, y comenzaron a ahorrar cada mes como las laboriosas hormiguitas, todas juntas. Con sus pequeños aportes mensuales, consiguieron reunir una cantidad medianamente aceptable y cambiaron el modelo de la hormiga laboriosa, por el de la cigarra, que vive despreocupada su verano de esplendor y no teme al futuro incierto, y así con ella se pusieron a alegrar el campo con su cantar financiero despreocupado. Invirtieron su ahorro en capital riego, se asociaron a una empresa social, una empresa de esas en las que no creen las entidades financieras, por que están hechas de la materia de los sueños… , de los sueños de los que creemos en un mundo mejor, en el reparto justo del dinero y de la risa. Y luego vino otra empresa, y luego otra, y luego otra ciudad, con otros sueños y otras empresas, y así hasta hoy.

Artículo para la revista “Acontecimiento”, junio 2005

La pobreza en femenino

Las mujeres y lo que les concierne son parte integrante del pasado y del presente colectivo. Los hombres tienen en cuanto a protagonismo y responsabilidad, la misma contribución real a nuestra historia, no más; sin embargo, solemos olvidar que pasado y presente debe ser presentado como la realidad que comparten, y en la que se relacionan unos y otras.

Afortunadamente, el género ha comenzado a tener significación en la trama de la historia humana; alcanzando poco a poco la categoría de axioma dentro de la investigación histórica… y en las propuestas de desarrollo. No obstante la realidad cotidiana continua dando la espalda a la realidad de las relaciones hombre-mujer, continua creando presupuestos que trabajan en un nivel ideal y no concreto, sin alcanzar a comprender, de donde viene la discriminación y como se construye, única forma de afrontarla.

Tomemos como ejemplo las utopías masculinas. Jean-Jacques Rousseau que nos dice, en el libro V del “Emilio”: “toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres”. Y unos años más adelante, otro pensador de la justicia, Karl Marx, sueña… una vez implantado el comunismo, los hombres irán a pescar por la mañana, a cazar por la tarde y dedicaran las noches a conversar…

Hay un pequeño cuento de Anthony de Mello que puede ilustrar nuestro problema.

Mientras el diablo caminaba un día con un amigo, la pareja vio a una mujer agacharse para coger algo. El diablo señaló con calma que la mujer había encontrado una parte de la verdad. Sabiendo su compañero que era el Padre de la Mentira, exclamó: “¿No te importa que ella haya encontrado parte de la verdad?” “Oh no,” dijo complacido el diablo, “dejaré que se vaya creyéndose con toda la verdad” 1.

Hasta ahora, han sido los varones occidentales quienes definen los problemas, plantean soluciones y ofrecen su visión de los hechos. No son lo mismo las cruzadas vistas por los árabes que por los cristianos, no es la misma historia de América que pueden contar los afroamericanos, descendientes de esclavos, que la que contamos los mestizos, mezclados con españoles.

Suelen molestarse los españoles cuando se les dice el mucho daño que sus antepasados hicieron en América, algunos replican “Mis antepasados no, los tuyos”, otras se preguntan “¿es que los indígenas eran todos santos?”… ciertamente no, pero es incuestionable que quien ansia el poder, lo obtiene, lo utiliza y disfruta de sus ventajas materiales e intelectuales, gana con ello mayor responsabilidad en el rumbo de la historia y sus acciones tienen mayores consecuencias. Es posible que fueran mis antepasados quienes aceptaron y acataron las leyes injustas que gobernaban América en el tiempo de la colonia, pero fueron los suyos quienes dilapidaron, o dejaron dilapidar, las riquezas naturales que desde allá les enviaban sus compatriotas, y que finalmente redundaron en el bienestar de otros países europeos. La responsabilidad, pasada, presente y futura, debe ser compartida.

Que una indígena, o un negro esclavo fueran malas personas, no tiene mayor significación social, ni repercusión histórica, que los comentarios desafortunados que puedan realizar mis vecinos en un pueblo de 8.000 habitantes, o las malas prácticas de un niño en una fabrica asiática… ellos, ellas no tienen “el poder” . En cambio, es piedra de escándalo lo que expresan públicamente los poderosos (iglesia, estado, mercado de valores, empresarios-as, intelectualidad) porque han buscado y obtenido la notoriedad que tejerá futuro, influirá sobre el subconsciente colectivo (que existe) y favorecerá o entorpecerá el entendimiento entre las personas, que por regla general son diversas.

Si deseamos ser artífices de un mundo mejor, que es posible, será inevitable conocer a personas con diferentes sentires y diferentes orígenes… a las que miraremos desde nuestros propios ojos, es inevitable; pero si hacemos el esfuerzo de no juzgarlas, ni condenarlas por ser diferentes, no medirlas y pesarlas… es muy posible que al sentirse respetadas, no nos juzguen, midan, ni condenen… pero no puede garantizarse. Asumir ese riesgo, es lo más difícil. Mi pequeña aportación es contribuirles con algunas luces que faciliten la comprensión de dos términos que caminan unidos y se analizan separados: Mujer y desarrollo.

El caso de la problemática “mujer” es difícilmente aprensible, la filosofa francesa Sylviane Agacinski reflexiona:

La diferencia sexual, siendo tan universal, no define absolutamente qué papel juega la organización práctica de las relaciones humanas. No implica en sí misma ninguna institución particular, ninguna segregación, ninguna jerarquía de ningún orden —económico, social, político, religioso o cualquier otro—. El firme cimiento de las diferencias anatómicas y fisiológicas sugiere, en rigor, unos tipos de comportamientos (…) pero no puede programar nada que sea de orden social, jurídico o institucional 2

Es bien sabido que no es lo mismo nacer como miembro de la aristocracia europea, que hacerlo en el altiplano boliviano, por lo mismo, no podemos hablar de una problemática femenina única, aunque existan muchos puntos de conexión entre las injusticias que sufre la mitad de la población mundial debido a su sexo.

Por otro lado, el desarrollo ha sido entendido, durante años y en la mayor parte de los sectores sociales aún lo es, como el crecimiento económico, a partir del cual se podía lograr el bienestar de las personas. Pero dado que la economía se ha convertido en un fin en sí misma, y las personas han pasado a ser el medio para la salud de la economía, es necesario replantearnos el concepto de desarrollo si queremos construir un camino de justicia y no apoyar, con nuestro esfuerzo inconsciente, el proyecto de desarrollo de quienes, debido a su falta de autoconciencia como especie, actúan como si la ética no se hubiera universalizado… como si aún continuaran anclados en los paradigmas aristotélicos.

¿Qué piensan los gestores de Disney cuando despiden a 4.000 trabajadores en todo el mundo? Curiosamente, piensan en la salud de la economía… y aciertan. Pues tras anunciar este “reajuste” laboral, la bolsa (los inversores) dan su aprobación invirtiendo en Disney, y las acciones de la compañía registran un alza del 4,94%.

De modo que para hablar de mujer y desarrollo, quizás debemos comenzar por saber porqué la pobreza es femenina ¿qué nos pasa a las mujeres como grupo? Y cuales son las causas de nuestra pobreza… ¿no será que (este) desarrollo juega en nuestra contra?

Naciones Unidas, un órgano aglutinante, nos ofrece el término desarrollo humano como el proceso que permite ampliar las oportunidades de las personas, señalando las relaciones entre crecimiento económico y preocupaciones sociales.

La evolución histórica del enfoque del bienestar ha tomado a las mujeres por receptoras del mismo, pero no como participantes activas. Les recuerdo la famosa frase de Adam Smith, en su libro “La Riqueza de las Naciones”:

No es de la benevolencia del carnicero o del panadero que esperamos nuestra comida, sino de la consideración que ellos hacen de sus propios intereses. Apelamos, no a su sentido humanitario sino a su amor por ellos mismos

Nos hacemos conscientes de que las bases de nuestra economía nacen sin perspectiva de genero, pues es de la donación generosa del tiempo de las mujeres, de la que esperamos obtener la comida cocinada, un entorno agradable y cuidado (hogar) y la nociones básicas de educación, aprendidas durante la infancia, que nos permiten convivir en sociedad.

Para las políticas o estrategias de desarrollo posteriores a la revolución industrial, las mujeres continuaron asumiendo como propias las ideas y la lógica masculina, fuertemente influenciada por las concepciones atávicas del reparto del trabajo y el valor del mismo. Así la maternidad y el cuidado familiar fueron durante mucho tiempo nuestro rol más importante, al que se supeditaban el resto de nuestras posibles funciones, y al que ningún economista se planteó asignarle un valor cuantificable.

En la década de los ´70 el sistema necesitó frenar el crecimiento de la población, y nosotras, las madres reales o potenciales, fuimos redirigidas hacia la “liberación”. Este es un aspecto importante, pues al estudiar la historia del feminismo, encontramos que no hemos conseguido la mayor parte de las reivindicaciones solicitadas, pero nos han ofrecido una visión de triunfo al ser integradas en la sociedad masculina; no era esto lo que pedían nuestras bisabuelas, ellas pedían el reconocimiento y la puesta en valor de las mujeres y de las labores tradicionalmente femeninas, alcanzar una mayor autonomía en sus decisiones vitales y compartir la vida con varones respetuosos, para formar unidos una sociedad capaz de realizar todo tipo de tareas sin distinción de sexo; existe una gran diferencia entre las reivindicaciones de los grupos de mujeres socialistas o de los grupos sufragistas, pero la idea de una sociedad igualitaria por la que trabajan las primeras no fue asumida, ni siquiera (y estoy generalizando) por sus compañeros políticos.

En nuestro medio social, la planificación familiar, aunque puede parecerlo, no es una opción realmente libre, “mi derecho a controlar mi fecundidad” esto es, a ser igualmente aceptada y valorada siendo madre de 2 niños/as o siendo madre de 15 si ese es mi proyecto vital, sino que se ha convertido, gracias a la presión del medio social, en el único camino para alcanzar el objetivo de la emancipación, sinónimo de felicidad.

De modo que se ha establecido una relación directamente proporcional entre influencia formativa occidental y maternidad.

Las mujeres analfabetas tienen una tasa global de fecundidad de 7.1, si asistieron los primeros años de escuela su tasa de fecundidad será de 5.1 , si fueron a secundaria será de 3.1 y si tuvieron estudios superiores el promedio será de 1.9 (Fuente: Mujeres Peruanas, al mitad de la población del Perú a comienzos de los 90. Centro . Lima. Abril 1993).

Actualmente existen tres enfoques estratégicos que desde las administraciones buscan dar solución al problema mujer-pobreza.

Tenemos el enfoque de equidad, en el que las políticas gubernamentales reconocen la participación de las mujeres en el desarrollo y dan importancia especial a la independencia económica de la mujer. Es decir si la mujer trabaja y gana un salario estaría en igualdad de condiciones con el varón. Pero esto mantiene el mismo concepto de desarrollo, no cambia el modelo social y las labores tradicionalmente femeninas continúan sin ser valoradas.

En el caso del enfoque antipobreza, hay una revisión de fondo de los derechos de ciudadanía, la falta de acceso de las mujeres a la propiedad privada (solo un 1% de la propiedad mundial esta en mano de mujeres), a los medios de producción (empresas) o a las ayudas económicas (créditos)… así mismo se hace hincapié en la discriminación sexual en el mercado laboral, buscando incrementar las opciones de empleo o autoempleo que puedan subsanar esta discrepancia.

El enfoque de eficiencia, mayoritario en países de economía emergente (ej. China) donde se dan políticas de ajuste estructural y que buscan incrementar la productividad y la eficiencia como una manera de que la mujer participe en el desarrollo.

Son muchas las organizaciones que trabajan para paliar estas injusticias, y suelen decirnos que trabajan con perspectiva de género (un concepto cultural), cuando lo que están haciendo es trabajar con mujeres. La perspectiva de género engloba a la mujer y al varón, trabajar con perspectiva de género para la equidad es trabajar con ambos para alcanzar el objetivo.

Hacer público lo privado

Hay una realidad innegable, en el mundo hay más mujeres analfabetas que hombres en las mismas circunstancias, más desempleadas (de trabajo remunerado), un desequilibrio salarial injusto que ofrece a las mujeres menor salario en igualdad de empleo con los varones; pero nada de esto está recogido en las leyes. No hay demasiadas prohibiciones expresas para evitar el acceso a la educación en las mujeres, ni se establece en los convenios laborales la diferencia salarial… todo nos viene dado a priori desde la privacidad de nuestros hogares y la construcción mental que formamos del mundo desde la niñez. Los roles estereotipados fortalecen las relaciones injustas, favorecen la subordinación y la dependencia, propician el concepto negativo de uno mismo-a al no poder alcanzar la perfección en el modelo esperado.

Los estereotipos crecen en nuestro pequeño rincón de mundo, nuestro hogar, y se amplifica hacia la escuela, la plaza, el templo, la fábrica o el mercado… hasta llegar a las grandes superficies comerciales, las empresas de servicio, la publicidad y los órganos de gobierno, que nos la devuelven; actuando como flujo y reflujo de una marea sin principio ni fin.

Según datos de la ONU, publicados en su Foro de Población, una de cada tres mujeres en el mundo sufre malos tratos o abusos sexuales. Los fríos datos hermanan a las mujeres europeas con las africanas, a las indígenas americanas con las asiáticas y simplifican la visión de una problemática compleja.

Cuando hablamos de mujer y pobreza, olvidamos que detrás de ambas palabras hay personas, y en cada persona una niña o un niño herederos de una tradición, una cultura no escrita, de aceptación o de rechazo. Un hombre indígena será menospreciado y ridiculizado, por poner un ejemplo entre muchos, por su forma incorrecta de hablar el castellano… pero junto a él habrá una mujer, que además de esa discriminación social, estará sufriendo una discriminación hacia dentro de su comunidad, originada en su condición sexual, y de nada le valdrá el reconocimiento de igualdad en la carta magna del país en el que habita… si se siente desposeída de su dignidad como persona, afortunadamente ésta es tan propia del ser humano que es ocultable, pero no destructible.

La realidad cuantificable de la discriminación nos fue ofrecida por las Naciones Unidas en su estudio Población Mundial 2000. En el informe se observa que la discriminación y la violencia son la norma y no la excepción, además de la violencia directa a la que aludíamos antes, los principales problemas de la mujer son:

  • Un tercio de todos los embarazos, unos 80 millones por año, son involuntarios o no deseados.

  • Cada año, mueren como resultado del embarazo unas 500.000 mujeres y una cantidad mayor sufren discapacidad a consecuencia del embarazo o el parto.

  • Cada año, unos dos millones de niñas menores de 15 años son incorporadas al mercado del sexo.

  • Por razones tanto sociales como biológicas, las mujeres son mucho más vulnerables al contagio del SIDA. En África el número de mujeres seropositivas es superior en dos millones, al de hombres.

  • La triple jornada laboral, debida a la persistencia del patrón tradicional de división del trabajo.

  • El problema de las condiciones de trabajo y empleo de las mujeres, con jornadas de entre 10 y 14 horas diarias, en posturas forzadas o bajo la exposición a agroquímicos.

  • La falta de equiparación legal entre uniones de hecho y matrimonio. Persistiendo disposiciones discriminatorias contra las mujeres en aquella situación y los hijos nacidos de ellas.

  • La asunción social de la paternidad irresponsable como rasgo propio del hombre.

  • La conformación de familias monoparentales, extensas y con mayor carga de menores dependientes.

  • La falta de recursos económicos asignados desde las organizaciones financieras a las mujeres en su rol de cabezas de familia.

Por ello es necesario tomar conciencia de que de lo privado emana lo público, de los estereotipos que nos atrapan nacen las injusticias que sufrimos.

El binomio mujer-pobreza, suele verse agravado por otros parámetros: rural- indígena- analfabeta- aislada socialmente- enferma – objeto sexual – madre sola – …

Ventajas de la equidad de género

Permanecer anclados en unos roles fijos determinados es poner límites a nuestra libertad y a nuestra capacidad de desarrollo personal.

Tradicionalmente se espera de un hombre capacidad de mando, autonomía emocional y resistencia física; y aunque ciertamente la ciencia da carta de realidad a las diferencias física y psicológica, no cabe duda que los espacios de ternura recuperados, el contacto placentero con los hijos e hijas, y el aprecio hacia las pequeñas tareas cotidianas gratificantes, como cocinar para nosotros y para otros o no necesitar de nadie para tener una apariencia limpia y fragante, son ventajas que los varones adquieren en esta nueva organización social.

Y en el plano general, es más fácil aún observar sus beneficios, una sociedad más plural que aprende a respetar las diferencias, deviene en menos bélica. Una sociedad con mayor co-responsabilidad estará más atenta a controlar los abusos hacia la infancia, que es la víctima propiciatoria de la actual situación de injusticia y discriminación.

«La maternidad y la paternidad son posibilidades humanas esenciales y con frecuencia resulta doloroso estar privado de ellas (…) Traer al mundo un niño, y educarlo, desde su más tierna infancia, implica siempre, para los seres humanos, la cuestión suprema del sentido de la existencia»3

Una sociedad sin estereotipos ofrecerá a las personas que la integran:

  • Libertad y responsabilidad para tomar decisiones, en lo privado y en lo público

  • El poder de realizar sus sueños

  • Justicia y Paz

  1. 1Anthony de Mello, The Song of the Bird (Garden City, NY: Doubleday Image 1984) pág. 39.

    2 Agacinski, S. Politica de sexos, Taurus ediciones 1999, pag 140

3 ibid, pp. 58-59