He encontrado este artículo gracias a Facebook y no me resisto a compartirlo con ustedes, vayan con esta reflexión mis mejores deseos de Paz y bien para tod@s…
Ella fue a caminar y cuando llegó al lugar se mantuvo de pie. La llamaban virgen, que en el idioma antiguo significa mujer Libre, no propiedad de ningún hombre. Con el respaldo de su esposo, sin doctores o medicamentos, sintió las contracciones. No le pusieron pitocina, cytotec, o prostaglandina, y no había suero en su brazo. No la amarraron a la burra, y ella parió fácilmente, sin gritar que le administraran la epidural. Nació el niño sin episiotomía o puntos perineos, y mucho menos el corte horizontal bikini de una cesárea. Y lo vistió en paños. No había necesidad de Huggies o Pampers ni sus marcas genéricas equivalentes. Se lo pegó de la teta y le dio de tomar de su propia leche. Y aunque algunos justifiquen que aún no habían inventado el Similac, Enfamil o Good Start, pues tampoco fue leche de cabra ni del seno de una nodriza, sino la leche real del pecho de su madre. Y así es que empieza el parto natural y una crianza natural, en un persebre en Belén, digna del Rey del mundo, y digna de toda la humanidad.
© 2009 Lourdes Santaballa Mora

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