¿Qué pasaría sí?… Parece que esa era la máxima con la que escribía este autor amoroso y desobediente de las reglas gramaticales. Yo, como disléxica, no era consciente de su desobediencia, ni echaba en falta los signos de puntuación, hasta que le recomendé a mi esposo leer “El hombre duplicado” y se le hizo insoportable la lectura de una obras carentes de comas y señales de diálogo.
En estos días, quizás, quedara todo dicho sobre Saramago.
En realidad a mi me gustaría leer lo que escribirán dentro de 50 años, pero no creo que me alcance la vida. Y es que la vida siempre es demasiado corta, sin embargo, gracias “al dios que fuere”*… porque la vejez eterna, como las grandes sumas de dinero, es inimaginable, la muerte nos alcanza.
Saramago tuvo la virtud de escribir bien siendo un autodidacta, alguien que te quita los complejos, alguien que no debe su genio a los estímulos intelectuales de su primera infancia por ser parte de una de esas familias compuestas por admiradores del arte, sino a ese desafió aceptado de pensar y pensar sobre uno mismo y sobre el mundo.
He pensado que quizás, hoy, puede apetecerles leer uno de sus cuentos… les dejó acá el enlace a “La isla desconocida”
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* Invictus
de William Ernest Henley
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

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