raíces y desapego

Venimos llegando del pueblo de mi padre. Es en realidad una pequeñisima aldea en el oriente de Asturias, en el concejo de Peñamellera baja, su nombre El mazo.

La familia de mi padre lleva allí más de mil años… tanto así que la espada de un Escandón reposa en el santuario de Covadonga. Cuando yo era niña me impresionaba mucho ir allí y verla tras el cristal; con 5 años ya sabía que lo importante no era mi primer apellido, el Ibarlucea, sino aquel lazo histórico con Asturias, con el valle de Peñamellera y con esas casas de piedra que habían pasado de padres a hijas y de hijas a hijos por más de mil años.

En El mazo hay una cueva con pinturas rupestres, que nosotros siempre llamamos la cueva de Loja, pero que ahora llaman, los técnicos del principado, de La Loja… y no sabemos de donde se sacan el artículo, de algún documento antiguo supongo.A esa cueva he dedicado muchas de mis ensoñaciones y si no he escrito una novela al estilo “El clan del oso cavernario” ha sido por vergüenza.  

Cuando llegué de Chile, con 4 años, los adultos solían decirme… “¡vaya muchachina con suerte, mira todo lo que va a heredar!” y me creaban un gran desconcierto. Después con el paso del tiempo y la ayuda de la literatura fui encajando las piezas y me dí cuenta de que nada esta ganado a priori, aunque si que había mantenido la certeza de que mis hijos iban a estar conectados a ese lugar, como yo, como mi padre, como mi abuela, como mi bisabuelo y bisabuela, como mis tataraabuelos, … ¡me quedó sin aliento!

No obstante la literatura realista me ha ayudado a trabajarme el desapego… Galdós, Tolstoi, Dickens…  porque aunque soy la única descendiente directa de mis abuelos, que tuvieron 3 hijos varones, de los que solo mi padre les dio un nieto… y esa soy yo; a lo largo de los últimos veinte años he visto a mis tíos y a mi padre vender las casas, cuadras y prados que heredaron de sus ancestros, mis ancestros, porque ellos ya no se dedican al cuidado de las tierras, ni al ganado… y necesitan dinero como todo el mundo … y de aquel patrimonio ahora quedan una casa y una cuadra, y es de esas dos edificaciones de las que me estoy despidiendo en este post ¿Porque les cuento esto?… porque he llorado en silencio estos cuatro días por cosas que me inculcaron en la infancia, pero que en mi experiencia vital ya no valen la pena, las raíces.
   

Cuando uno nace en un lugar y lo abandona, no importa de donde es tu familia, cual es vuestra historia, de igual lo que digan los genes. Has perdido la patria y es mejor abrir los ojos a nuevas realidades. Vivir sabiendo que eres un cuerpo extraño que nadie querrá adoptar. A efectos reales, no legales, no soy chilena, no soy española, no soy aymara, no soy vasca, no soy asturiana, no soy extremeña… y sin embrago, existo.

No crean que es fácil, a fin de cuentas los humanos somos animales de manada, y como primates somos territoriales, pero gracias a Dios (bueno, es una posibilidad ¿cierto?) tenemos conciencia de nuestra propia existencia y una inteligencia que hace posible la superación de nuestros instintos.

De modo que aplicándome el cuento budista del cuenco, acá estoy despidiéndome de esa niña que recorrió dieciocho mil kilómetros hacia el desconcierto y ya tiene respuesta para esos adultos que nublaron mi infancia con conflictos morales. “Soy afortunada por el patrimonio intangible, que es de todos”. 

No se preocupen, no las voy a dejar con la duda… les cuento el cuento.

El cuenco de las limosnas

Un hombre muy rico, que había dedicado su vida al comercio,  decidió después de darse cuenta de su propia infelicidad, abandonar su vida de negocios y preocupaciones materiales para dedicarse a la contemplación.
Repartió todo lo que tenia entre sus hijos, empleados, parientes, vecinos y los pobres de su ciudad. Después ataviado con un solo manto y un único cuenco, para recibir las limosnas, se sentó en el camino a meditar. 
Vivía allí desde hacia mucho tiempo otro hombre que buscaba también el camino de la mente y el corazón que nos lleva al nirvana, y se sentaba a meditar muy cerca del lugar donde se instalo el antiguo comerciante, tenia este hombre un cuenco de barro bastante roto que era su única propiedad. No le paso desapercibido el lujoso cuenco de porcelana que traía consigo el nuevo aspirante y cada día se decía a si mismo “Ese cuenco muestra el apego a las riquezas que tiene el nuevo monje. Nunca podrá erradicar de si el duhkha“.
Un día, apareció en el camino un maestro budista que tenia fama de ser uno de los más sabios. Todos se agruparon para escuchar sus palabras, y ciertamente era muy sabio y al escucharlo podías sentirte liberado del “yo”. Fue por eso que al llegar el momento de su partir, el antiguo comerciante le propuso a su compañero que lo siguieran y se convirtieran en sus discípulos. Y así, sin más comenzaron a caminar de tras de él. No habían avanzado más que unos pocos metros cuando su compañero le dijo alarmado al antiguo comerciante: “¡Detente, debo regresar a recoger mi cuenco!”

Ya no recuerdo donde lo leí… de modo que puede estar cambiado, pero en esencia este era el mensaje… y yo lo cuento de este modo. 

Una explicación sobre las fotografías. La primera es la vista del valle desde la terraza de mi padre. La segunda es una de las calles de la aldea, en este momento habitada por 12 familias. La tercera es la casa de mi padre, donde vivieron mis abuelos al contraer matrimonio y que ha sido casa y cuadra alternativamente en los últimos 500 años. La cuarta, la encontré en internet ;-D y es de copyleft.

About Carmen Ibarlucea

Narradora... en oral y por escrito.
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2 Responses to raíces y desapego

  1. Anonymous says:

    Quiero decirte que tu evocación de las raíces arrancadas me ha conmovido y hermanado más aún contigo. Dos forasteros en su pueblo. El texto todo es, además, muy bello, más aún que el cuento del cuenco.

    José Antonio

  2. Jose I. Velarde says:

    Hola,
    De los Escandon y el Mazo: el 30 de julio de 1715 naufragó en la costa de Florida la flota que volvia a España, donde todavia hoy siguen extrayendo tesoros . Fallecio en ella el capitan Thomas de Escandon, natural de El Mazo y un hermano acudió a México a regoger su herencia.
    Saludos

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