Lo que decimos querer y lo que queremos, no es lo mismo

¿Qué le pasa a eQuo que no arrasa en la sociedad española? Esa es la pregunta que me hago todos los días cuando miro a mi alrededor.

Vivo rodeada de personas que reclaman una democracia radical, que reclaman más participación, que quieren ver igualdad de genero, respeto a la diversidad entre las personas, más transparencia en lo económico, más horizontalidad en la forma de gestión, más propuestas creativas y posibles para salir de la crisis económica y no volver a entrar en ella, mayor respeto por la vida (de las personas, de los animales, de los ecosistemas), más solidaridad intergeneracional, más poner el acento en la justicia social.

Sin embargo, aunque soy parte de una formación, eQuo, que ofrece y hace realidad día a día todo eso, no logro contagiar a las personas que en mi entorno hablan así, y dicen querer estas cosas. La mayor parte del tiempo pienso que el fallo está en mi, que no sé comunicar; otras veces pienso que el problema es que la gente no deja de pensar que la ecología es una cosa y los problemas del mundo son otra, ayudadas por los medios de comunicación que nunca dicen, por ejemplo, que todos los datos hacen pensar que la migración humana por razones medioambientales y climáticas se convertirá en uno de los principales problemas políticos a corto plazo.

Pero hay días, como hoy, en que me da por pensar que me está sucediendo como con mis hijos y el colegio. Toda la literatura escolar hablaba de la importancia de la implicación de los padres en la educación de sus hijos, de la escuela como comunidad con tres pilares (familia, equipo docente, administración pública), pero llegó el momento en que desde el equipo de orientación del centro me/nos pidieron que nos retiráramos a un segundo plano, me/nos pidieron que habláramos menos con los niños, que jugáramos menos con ellos, nos dijeron que eramos unos progenitores demasiado interesante y hacíamos que la escuela a nuestro lado pareciera monótona y poco atractiva. Lo que me hizo pensar que pese a la literatura la escuela no estaba preparada para recibir a las familias que estaba soñando.

Y miro a mi alrededor, y veo a las personas que quiero y respeto diciendo “quiero esto, y esto y esto” pero quizás no dan el paso porque en realidad todo eso es difícil, lleva tiempo y se hace muy duro trabajar en un proyecto político donde nadie te salva, ni te guía, por que el camino es tan nuevo que nadie lo ha recorrido antes.

Equo nació con vocación de desaparecer, es lo que más me gusta. Cuando la tarea esté terminada podremos irnos a casa y disfrutar de las tardes al sol, de un buen libro, de esas conversaciones sobre cine que tanto me gustan; pero para terminar la tarea se necesitan manos, muchas manos, porque esto de la democracia radical no permite descanso.

Pero igual que crecen las escuelas libres y el homeschooling, así va a crecer EQUO, porque equidad y ecología es lo que necesitamos para sanar el mundo.

About Carmen Ibarlucea

Narradora... en oral y por escrito.
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2 Responses to Lo que decimos querer y lo que queremos, no es lo mismo

  1. Anabel says:

    Carmen, muchas veces el arbol no deja ver el bosque.La gente demanda y necesita protección pero a veces pienso que de ella misma, pues a muchas personas les da miedo “sacar los piés del plato” y tomar decisiones diferentes a las anteriores tomadas y diferentes a las de los demás, aunque por lógica sean dichas decisiones las mejores.
    El camino a recorrer de EQUO es muy largo, hay que disfrutar de las vistas y de lo que nos ofrezca el recorrido,incluidas las tardes de solecito.

  2. puva, says:

    Me ha encantado tu post. Hace por lo menos 4 meses que padezco lo
    mismo. Creo que te entiendo.

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