Las brujas

Me encanta la radio, creo que es el medio social más honesto, al menos así lo vivo yo en Canal Extremadura radio, donde tengo un micro espacio cada martes. Lo he titulado “La historia secreta de los cuentos” y cada semanan, durante quince minutos, en animada conversación me voy descubriendo.

El programa del martes 25 de noviembre… Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres. Nosotras en ElSolSalePorElOeste hablamos de “Las brujas”

Para escucharlo AQUÍ

¿Qué significa ser candidatx a las #primariasEquo?

Durante este mes se están llevando adelante encuentros de candidatxs en diferentes lugares del estado español, de cara a elaborar la lista que conformara la candidatura definitiva. El proceso aún esta en sus comienzos, y gracias a las nuevas tecnologías quienes estamos lejos y no tenemos disponibilidad podemos hacernos presentes… pero, ¿para decir qué?

Cuando presenté mi candidatura fue más por ofrecer mi apoyo al proceso que por un interés real de ser europarlamentaria. Entiendanme, yo considero que lo que el parlamento europeo decide se convierte en crucial para el desarrollo de las políticas nacionales. Vivo en una zona rural y veo el mal uso y el abuso que se hace las subvenciones,pero también soy consistente de lo mucho que hemos adelantado gracias a ellas. Los análisis simplistas no tienen cabida en esta cuestión.

En el terreno de la educación y la cultura, que es en el que yo me muevo, mirar a la Europa comunitaria es obligado. Incluso la nueva reforma a la Ley de Educación, por poco que nos guste, ha tenido que tener en cuenta la legislación europea y facilitar las relaciones dentro del área.

Y porque no decirlo, me gusta cuando desde Bruselas nos dan un tirón de orejas por nuestros desmanes en lo que a DD.HH se refiere. ¿Qué haría yo sin ese tribunal?

Y ahora que el proceso de las primariasEQUO esta en pleno auge, me doy cuenta de que esta siendo muy útil para conocernos, para establecer vínculos, para sabernos y sentirnos parte de un proceso colectivo. Ahora se que si logramos llevar a un persona en nuestro nombre al parlamento de Bruselas, ya no será un lugar distante donde establecen debates a los que nosotrxs no podemos acceder. Sí logramos, gracias a que hacemos mucho ruido y contagiamos nuestro entusiasmo, nuestra esperanza a otras personas, quien vaya será realmente alguien que llevara un poquito de todxs nosotros, y sumara nuestra fuerza, nuestro entusiasmo y así podrá rescatar el sol*.

VELA
* En busca del Sol

Vivió en la antigua China un matrimonio muy feliz, eran Liu Chun y Hui Nang y vivían al pie de la montaña de Piedra Preciosa. Eran personas de carácter alegre y confiado, que sabían disfrutar de las cosas pequeñas. Cada uno tenía sus propias tareas, que eran complementarias y las hacían tan bien y con tanto esmero que trabajar era un complemento más de su felicidad.
Liu Chun trabajaba en el campo, cultivando o recogiendo según la temporada, mientras que Hui Nang pasaba la mayor parte del día tejiendo hermosas telas de lana que después vendía en el mercado, llevaban en esta agradable convivencia cinco años cuando Hui Nang quedo embarazada y fue tal su alegría que ella misma estaba sorprendida de haber rebasado los limites de su anterior felicidad.
Así transcurrían los días del embarazo de Huin Nang en calma alborozada, hasta que un día al levantarse vio que el sol no estaba asomando en el cielo. Fueron pasando las horas y la noche fría llevó tristeza a su corazón.
Nadie alcanzaba a comprender lo que sucedía, no era normal que el sol no acudiera a su cita. Los vecinos salían a la puerta de sus casas, sin atreverse a emprender sus faenas cotidianas, asustados por el extraño hecho. Pero aquel día no salió el sol, ni al siguiente, ni al otro.
Pasaron semanas sin que las gentes de Piedra Preciosa pudieran ver la luz, sin que pudieran distinguir los días de las noches, y el campo comenzó a perder sus frutos, aquel preciado tesoro que les ofrecía como alimento; y los árboles se fueron secando, al no poder alimentarse con ayuda de la luz y el calor del sol.
El cielo se había ido poblando de negras nubes y un viento frío soplaba constantemente en la oscuridad.
Liu Chun se aventuró a recorrer los caminos oscuros para ver si es que el sol se había olvidado de su pueblo, o el resto del país estaba también a oscuras. La gente que lo recibió en sus casas, estaba como su propia gente, preocupada y angustiada por aquella pérdida dramática y el pobre Liu Chun se iba poniendo cada vez más triste al ver alejarse su esperanza de encontrar pronto el sol. Nadie sabía donde ir a buscarlos, ni qué le podía haber sucedido, todo se iba en comentar asustados:
¿Qué será de nosotros ahora? ¿Cómo podremos vivir sin sol?
Y a Liu Chun se le partía el corazón escuchando los suspiros de las ancianas y el llanto de los niños. Por eso cuando regresó a su casa, junto a su amada esposa Huin Nang, fue sólo para despedirse, pues había tomado la decisión de partir en busca del sol.
Ella comprendió que él tenia un deber que cumplir más importante que quedarse a su lado, y le aconsejó que antes de emprender el viaje fuera a consultar con el anciano del lugar, pues sólo él que había vivido durante más de cien años podría darle alguna orientación de donde podría encontrar el sol.
Liu Chun se alegro con aquel consejo, que le permitía tener un rayito de esperanza. Y esa esperanza no fue defraudada, él anciano le dijo donde vivía el sol antes de esconderse por última vez, y también le dijo quienes eran los enemigos del sol, monstruos que vivían en el mar del oriente y que lo envidiaban tanto como lo temían; no podía estar seguro de que fueran ellos los que lo habían robado, pero sí el pudiera emprender la búsqueda empezaría por allí.
Con un ánimo más positivo, Liu Chun regresó a su casa para despedirse de su esposa. Ella durante su ausencia le había confeccionado unas sandalias nuevas para el viaje, las había fabricado con un mechón de sus trenzas, tejiéndolo con cáñamo y también le había preparado un nuevo abrigo acolchado que le ayudaría a protegerse del frío.
Se estaban despidiendo junto a la puerta, cuando en medio de la oscuridad llegó hasta ellos el Fénix de oro que se posó en el brazo de su amigo. Liu Chun y el hermoso pájaro eran amigos desde hacía tiempo, pero con la oscuridad Liu Chun lo creía perdido. Huin Nang le preguntó al pájaro si deseaba acompañarlo durante el viaje y el ave se mostró encantada con la propuesta, así también la mujer quedó más tranquila.
Los esposos se abrazaban con fuerza, pero ninguno daba rienda suelta a las lagrimas que hubieran ensombrecido la partida, Liu le dijo a Huin:
Quiero que sepas que no volveré hasta encontrar el sol, pero si muero a mitad de camino, me convertiré en estrella para indicar a otros buscadores el camino correcto.
Parte tranquilo, yo te esperare con calma hasta tu regreso.
Y Liu dio comienzo a su viaje.
Pasaban los días y no había noticias de Liu, ni señal alguna del sol, Huin Nang pasaba largas horas en la cima de la montaña de Piedra Preciosa a la espera de ver salir el sol, segura como estaba de que su esposo conseguiría rescatarlo. Hasta que un día en medio de la oscuridad del cielo, vio una estrella que subía desde la tierra y comprendió que era Liu Chun que cumplía su promesa de marcar el camino a los siguientes buscadores. A las pocas horas el fénix de oro llegó hasta ella para acurrucarse en su regazo. La pena era tan inmensa que Huin sentía en su pecho un dolor incisivo, tan inmenso que perdió el conocimiento y quedo desmayada en la cumbre de la montaña.
Cuando volvió en si, había dado a luz y junto a ella se encontraba un hermoso y robusto bebe. Pero eso fue lo menos sorprendente, a cada golpe de viento el niño crecía. El primer golpe de viento lo hizo caminar, el segundo lo hizo hablar, y el tercero lo convirtió en un joven fuerte y de gran estatura.
Su madre lo contemplaba extasiada, sintiéndose reconfortada con su presencia. Le puso por nombre Bao Chu y no dejaba de pensar lo felices que hubieran sido los tres si el sol no hubiera desaparecido.
Como Bao Chu veía que a su madre los ojos se le llenaban de lagrimas por momentos, decidió preguntarle cuales eran las causa de su llanto; fue entonces cuando ella le contó todo lo que había sucedido, porqué su padre había tenido que ausentarse y le mostró la estrella que brillaba en el cielo para marcar el camino de otros buscadores, para ayudarles a terminar felizmente su cometido.
En cuanto Bao Chu conoció la historia y el destino de su padre, quiso ir también él a buscar el sol.
Nuevamente Huin Nang tuvo que sobreponerse a sus propios sentimientos, y volvió a cortar un mechón de sus trenzas para tejer unas nuevas sandalias de cáñamo, y volvió a coser un grueso abrigo acolchado que protegiera a su hijo del frío. Y nuevamente pensó en todo el bien que su hijo haría al mundo, si conseguía recuperar el sol.
Esta vez todo el pueblo vino a despedirse de Bao Chu, celebrando su valor al seguir los pasos de su padre, su madre de nuevo guardó sus lagrimas para no entristecer a su hijo, que viéndola tan valerosa le dijo:
-Madre, quiero que mientras me esperas no llores por mí. Sí tú estas triste mi corazón no podrá soportarlo y perderé la fuerza que tu amor ha puesto en mí.
Y así salió de la casa, acompañado por el fénix de oro y caminado en dirección a la estrella que no era otra cosa que el espíritu de su padre.
Durante días enteros caminaron hacia la estrella, subiendo y bajando montañas, rodeando precipicios, vadeando ríos, hasta que llegaron a un pueblo donde fueron recibidos con gran asombro. Bao Chu llevaba el abrigo hecho jirones, y su piel asomaba por las partes descosidas, mostrando las heridas del camino. Las gentes de aquel pueblo lo acogieron en sus casas, y al escuchar el propósito de su viaje, cada uno de los vecinos cortó de sus propias ropas un trozo de tela con el que arreglar su abrigo y le cosieron así el abrigo de las cien familias, aquel abrigo daba más calor que una estufa de leña, porque abrigaba el corazón.
Y continuó su viaje a través de la oscuridad llena de peligros. Entre montañas y valles, Bao Chu llegó a la orilla de un río tan caudaloso y ancho, que no era posible contemplar su otra orilla, y en cuya corriente arrastraba piedras tan grandes como casas. Como él no tenia posibilidad de construir una barca, no se lo pensó dos veces y se lanzó al río. Nadó hasta quedar agotado, hasta que una ola helada lo arrastró lejos, a él y a su compañero de viaje, el fénix de oro. El frío era tan intenso que el agua se iba congelando, el fénix con las plumas mojadas no podía continuar volando y cayó al agua, pero Bao Chu no podía sujetarlo y nadar en el agua que ahora arrastraba placas de hielo. Llegó un momento que el fénix pareció muerto, su cuerpo inerte se dejaba llevar y sus ojos permanecían cerrados, Bao Chu entonces lo metió dentro del abrigo de las cien familias, esperando poder mantenerlo caliente. Y así fue, cuando después de mucho esfuerzo consiguió alcanzar la otra orilla, el calor del abrigo había reavivado a su compañero.
A pocos días de aquel río encontraron otro pueblo, donde fueron igualmente bien acogidos, también aquella gente estaba empobrecida por la ausencia del sol, pero eran generosos y quisieron mostrar su apoyo a Bao Chu, el hombre más anciano del pueblo le explicó:
Nuestros campos ya no dan fruto y nuestros árboles han muerto a causa de la ausencia del sol. Por ello no podemos agasajarte con nada. Pero si quieres recibir un puñado de nuestra tierra, nos sentiríamos muy alegres de compartirla contigo.

De ese modo cada persona de aquel pueblo tomó un puñado de la tierra de su huerto y con esto llenaron un saco de tierra fértil que ofrecieron a Bao Chu. Él no sabía muy bien para que podía necesitar un saco lleno de tierra, pero no quiso despreciar el regalo de aquellas personas de corazón sincero. Por lo que tomó el saco sobre sus espaldas y con grandes muestras de agradecimiento continuó su camino.
Nuevamente hubo de afrontar las montañas, los valles y los ríos que consecutivamente se sucedían, como sí a cada obstáculo superado, surgiera un obstáculo nuevo, Bao Chu mantenía su mente firme en su pensamiento original, encontrar el sol, alejando de sí la sensación de desanimo. Un día, como cualquier día llego a una encrucijada de caminos y se detuvo a deliberar.
Mientras estaba así, silencioso y solitario, una voz habló a sus espaldas:
¿a dónde vas muchacho?
Voy en busca del sol, fue la respuesta automática de Bao Chu
Alcanzar el sol es imposible muchacho, es mucho mejor que regreses a tu casa o perecerás al intentar encontrarlo.
No me asusta el camino, y a mi casa no puedo regresar si no encentro el sol. Hay demasiadas vidas en peligro, como para que yo desista.
La anciana lo observó en silencio unos instantes, después señaló con su dedo hacia el camino de la derecha.
-sigue hacía allá. No muy lejos encontrarás un pueblo donde podrás reponer fuerzas y así enfrentarte al tramo más duro de tu viaje.
Con estas enigmáticas palabras la mujer se alejo de Bao Chu y desapareció en la oscuridad.
Bao Chu comenzó a caminar por el sendero que le había indicado la anciana, no tenía ningún motivo para desconfiar, hasta ese momento cada persona que se había encontrado había significado para el una ayuda, de una u otra manera. Sus pasos eran cortos y lentos debido al peso del saco y al cansancio acumulado, pero ya no se preocupaba por eso, había decidido que lo importante era avanzar sin importar cuanto. Pero según caminaba, su compañero de viaje, el ave fénix, revoloteaba a su alrededor con energías redobladas, cruzaba delante de su rostro, golpeándole las mejillas con las alas, Bao Chu creyó que esta actitud podía deberse al miedo que sentía su amigo ante las amenazadoras escenas que había profetizado la anciana. Pronto el ave se cansó de este juego y decidió tenderse en medio del camino con las alas abiertas, Bao Chu tuvo que detenerse para ver si estaba herida, pero tras comprobar que su corazón latía correctamente y no tenia ni las alas, ni las patas rotas, la apartó a un lado para continuar. Entonces el ave se lanzó contra él sujetando el abrigo de Bao Chu entre sus patas y arrancándole mechones de cabello con el pico, parecía estar realmente desesperada.
Bao Chu se volvió para sujetar al ave y le habló con palabras dulces:
Cálmate, cálmate… no ha de sucedernos nada malo. Confía en mi, no estamos solos, nos acompaña el amor perseverante de mi madre y hemos traído la fortaleza de cien pueblos. Cálmate. No puede sucedernos nada.
El ave pareció resignarse, quedó un momento anidada entre los brazos de Bao Chu dejándose querer y nuevamente tomo su puesto en el hombro de su amigo, para continuar con el viaje. Al cabo de poco tiempo llegaron a un pueblo bullicioso, donde salieron a recibirlos multitud de personas de semblante alegre. Las gentes le preguntaban a donde se dirigía y cuando escuchaban el motivo de su viaje, el aire se llenaba de vítores y aclamaciones.
Bao Chu continuaba caminando, buscando alguna taberna donde poder comer y descansar, pero entonces un hombre lo tomó del brazo y le hizo entrar en su casa, allí la mesa ya se encontraba servida y abundaban en ella manjares exquisitos y bebidas de todas clases, un fuego calentaba la estancia. Bao Chu no daba crédito a lo que veía y comenzaba a sentirse incomodo al comparar la vida de aquel pueblo, alegre y opulento, con la vida de miseria y dolor que llevaban el resto de las personas que conoció en su viaje.
Sin darle oportunidad para esbozar una sola palabra, el hombre lo llevó hasta la mesa y lo obligó a sentarse, el resto de los hombres y mujeres del pueblo lo rodeaban hablando sin parar y llenando su plato de comida abundante. Él tomo la copa de vino que le ofrecían, pero cuando iba a llevársela a los labios, su amiga el ave Fénix entró volando en la habitación llevando entre sus patas una sandalia idéntica a las sandalias de Bao Chu, tejida con cáñamo y negros cabellos, y la dejó caer dentro de la copa. Inmediatamente la sandalia se incendió, pero Bao Chu pudo comprender cual era el engaño. Aquella era la sandalia de su padre y por lo tanto aquel era el lugar donde su padre había muerto. Se levantó de un salto y dando un grito adoptó una posición amenazadora, los alegres campesinos habían desaparecido y en su lugar había una multitud diversa de monstruos y demonios que huían a la carrera acobardados ante Bao Chu.
No merecía la pena perseguirlos, ya había comprendido su error al hacer caso de la anciana, había comprendido la pena de su amiga, el ave Fénix, retrocedió hasta la bifurcación y tomó el camino de la izquierda, seguro de que esta vez, era el camino correcto.
En poco tiempo llegó al mar del oriente, era allí donde el sol había desaparecido, Bao Chu había caminado mucho tiempo y había sorteado muchas dificultades, pero ahora frente a la inmensidad de aquel mar no sabía que hacer para alcanzar su objetivo.
Entre tanto los seres monstruosos que habían secuestrado el sol para que el frío y las tinieblas gobernaran la tierra, viendo que les era imposible vencer a Bao Chu, cambiaron de estrategia y se acercaron a la montaña en la que Hui Nang esperaba cada día el retorno de su hijo. Hacia ya varios años que su vida se concentraba en la espera, cada mañana subía la montaña, llevando con ella una piedra, colocaba la piedra sobre la piedra del día anterior y se subía, consiguiendo de ese modo llegar un poco lejos con la vista.
Hui Nang no había derramado, durante aquellos años, ni una sola lagrima, había tenido muchos momentos de desesperanza, pero nunca se había dejado vencer por el desanimo y se había mantenido firme, segura de que si ella no lloraba, su hijo no moriría. Los demonios la observaban cada día, hasta que decidieron transformarse en aves que le llevaban la noticia de la muerte de Bao Chu.
Pero no les funcionó, Hui Nang escuchó la noticia y su cara se contrajo en una mueca de dolor, pero miró el cielo y comprobó que la estrella de su esposo continuaba luciendo solitaria, su hijo no estaba allí… su hijo estaba esta vivo, y ninguna lagrima corrió por las mejillas de la madre.
Mientras tanto Bao Chu se había sentado a la orilla del mar, recostado sobre el saco de tierra que cargaba y se había dado un tiempo para pensar ¿qué podía hacer? ¿qué necesita? Sabía que la respuesta estaba allí mismo, solo era cosa de encontrarla. Fue entonces cuando el ave fénix comenzó a picotear el saco de tierra, intentando deshacer el nudo que lo cerraba y Bao Chu, esta vez más atento a las indicaciones de su inteligente amiga, deshizo el nudo y saco un puñado de tierra para ofrecérselo
esto es todo lo que hay en este saco- le dijo intentando comprenderla
El ave, voló hacia el mar, como si esperara que Bao Chu le lanzara la tierra a esa distancia, y él sin entender si era un juego o una sugerencia lanzó el puñado de tierra sobre las aguas. Inmediatamente surgieron multitud de pequeñas islas y Bao Chu comprendió que nadando de una en otra podría alcanzar el centro del mar del oriente y llegar a la caverna donde el sol se encontraba prisionero.
El esfuerzo fue inmenso, pero ya era el último, mientras braceaba en las aguas heladas se decía a si mismo, “estoy más cerca, estoy más cerca” y así se daba ánimos para continuar. Cuando llegó al centro del mar se sumergió hacia las profundidades en busca de la caverna. No le fue difícil encontrarla pues a su entrada había un ejercito de monstruos y demonios que la guardaban. Bao Chu no tuvo más remedio que entablar una lucha cuerpo a cuerpo con ellos, consiguió arrastrar a uno hacia la superficie, donde el ave fénix lo tomo por los cabellos llevándolo a un islote, sucesivamente Bao Chu fue venciendo a los monstruos, con la ayuda de su amiga, y viendo los demás que su resistencia parecía invencible, se dieron a la fuga dejándole libre el acceso a la cueva, la roca que tapaba la entrada se había ido hundiendo en el suelo marino y Bao Chu utilizó sus últimas fuerzas para conseguir moverlas, su cuerpo herido en la pelea iba perdiendo sensibilidad y su mente comenzaba a nublarse. Cuando por fin la cueva se abrió ante él, la luz del sol lo cegó por completo, pero aún pudo tomarlo en sus brazos y alzarlos hasta la superficie del agua, donde el ave fénix se lo colocó en el lomo y lo hizo elevarse en el cielo.
Bao Chu contempló esperanzado el amanecer, pero ya sin fuerza ninguna para salir del agua, y su cuerpo se hundió en el fondo del mar de oriente, mientras él se sumía en un sueño profundo.
Allá lejos en la cumbre de la montaña, subida sobre un túmulo de piedras, sonreía Hui Nang al ver salir el sol, y desde todos los rincones del mundo se escuchaba el trino de los pájaros acompañando el amanecer, como siempre.
Y si tu quieres, puedes subir a la montaña de piedra preciosa, justo antes del amanecer, y trepar por el túmulo de piedras que dejó Hui Nang y recibir antes que nadie los rayos del sol de la mañana, como cálido saludo de Bao Chu.

Confidencias

Soy hija única, el nombre que llevo lo eligió mi padre sin el consentimiento de mi madre, ella quería otro, un poco menos común, pero mi padre quería darle una alegría a su madre, Sinforiana, que estaba a 18.000 Km. de distancia. No, no me llamó Sinforiana, aunque me hubiera gustado, me nombró Carmen y llegué a España a la edad de 4 años, a los 6 años entré en un colegio de monjas, compartía el aula con 40 niñas, de las cuales 9 llevaban el mismo nombre que yo. La profesora me llamaba por el número de lista (de esto hace mucho, mucho tiempo) yo era “32”.

Mi padre siempre quiso un chico, un hombre debe tener un hijo para que continúe el apellido, y lo esperó, al chico, durante años, a mí de niña me daba pena mi padre, siempre imaginando lo bueno que hubiera sido tener un hijo varón. Pero yo era una niña y lo que pensara o sintiera no era relevante. En realidad, no creo que a nadie se le pasara por la imaginación que la cabeza me sirviera para algo.    

Una vez a la semana mi madre iba al cine, a mi madre lo que más le gustaba en el mundo eran los largometrajes, cuanto más metraje, mejor. Ella iba entre semana, sola, porque a mi padre no le gusta el cine, era algo que no podían compartir. Los fines de semana veían juntos el fútbol en la televisión; después del cine, el fútbol era lo que más le gustaba a mi madre.

El día que mi madre le dijo a su madre, Teresa, que se iba a casar con “el español” mi abuela se puso a llorar. A mi abuela la vida no la trato del todo bien, aunque no la trato del todo mal, y la experiencia le mostraba algunas cosas. Lloraba porque mi padre tiene las manos muy grandes, y decía: “Mi´ja, si ese hombre le pega, la mata”.

Pero mi madre se casó con él, porque él creció en una casa donde no se pegaba, porque nunca le pidió que dejara de trabajar, ni le pidió cuentas de cómo usaba su dinero, ni le dijo que no estaba bien ir al cine sola.   Mi madre y mi padre discutían a veces, yo los miraba de lejos mientras las palabras crecían envolviéndolos; pero las grandes manos de mi padre en los 20 años que compartieron,  sirvieron únicamente para abrazarla.  

Y llegó la adolescencia, fue la peor parte. Siempre que pedía permiso para hacer algo, mi padre respondía: “Si fueras un chico no habría problema, si tuvieras un hermano que te acompañara, te dejaría ir; pero una muchacha sola… es peligroso”.

Y a mí, se me paraban los pulsos, y me hervía la sangre.

Yo me quejaba de mi falta de libertad, y ella, mi madre que no deja de sorprenderme con su sabiduría me decía: “No se puede tener todo a la primera. Hay que saber quererse, pero también hay que saber esperar, teniendo el objetivo claro”.

Tengo dos hijos varones, al nacer los vestí con toda la gama de colores, del blanco al negro, pasando por rojo, rosa (“¡qué niña tan bonita!”), verde y azul. Han dormido, la infancia entera, bajo formas fluorescentes en habitaciones con balones, camiones, cocinitas, herramientas de madera, muñecos y muñecas. Ahora, adolescentes, lloran como hombres cuando tienen una pena… ¡pero no se depilan las piernas! Sería el mayor fracaso de esta madre feminista.  

Mi padre, mira y calla. Y sonríe cuando no los dejo salir de noche, soy madre y tengo miedo. Miedo a que la droga les arruine la vida. Les digo: “No se puede tener todo a la primera. Hay que saber quererse, pero también hay que saber esperar, teniendo el objetivo claro” y añado, con un guiño que busca una sonrisa:  “no saldrían hasta la madrugada, ni aunque fueran chicas”.

Uno elige

Hace once años que trabajo en un libro de cuentos literarios que aún no deja de ser un proyecto. Lo he enviado a varias editoriales que lo han rechazado (mi libro de cuentos) unas sin decir nada y otras alegando que no escribo bien, lo que me hace pensar que las silenciosas valoran lo mismo. Yo no voy a entrar en eso. No soy una experta, solo leo por placer y escribo… bueno, sinceramente no tengo ni la más remota idea de cuales son mis razones para escribir, salvo que me hace feliz.

Hoy conversaba con una amiga sobre el sagrado femenino, que yo no niego, por supuesto. Pero reconozco que la defensa del sagrado femenino me incomoda, quizás por que no soy madre de hijas, sino de hijos, y no puedo evitar ver a mis muchachos ( y a mi compañero) como las personas sagradas que son. Para mi las personas son sagradas, y el sexo no me preocupa en lo más mínimo, máxime cuando a quien tengo en frente el sexo no le preocupa. Ya he contado alguna vez que fue en Marruecos donde tome conciencia de que más que persona soy mujer, cuando descubrí que algunas cosas que hago, para mi absolutamente inocentes, no están bien en alguien de mi sexo. Pero no se equivoquen, amo Marruecos y tengo entre sus gentes amigxs verdaderxs.

Hace unos meses escribí este cuento para que fuera parte de ese proyecto que según va siendo rechazado, crece y crece. La primera vez que lo envié a una editorial, hace siete años, tenia siete cuentos y ahora tiene catorce. Ya he dicho basta. Voy a autopublicarme, que para sacar adelante 50 ejemplares no hace falta tanto ¿cierto? Y estoy segura de que hay en mi vida 50 personas a las que les gustaría leerlo. ¿Hacemos la prueba?… pueden decirme si quieren leerlo (lo envío en pdf), aquí o en facebook

Este cuento que he recordado al hilo de la conversación sobre el sagrado femenino, se titula “Uno elige” y hace el número cinco en el libro, pues ha sido ordenado cronológicamente. La primera historia es de 1915 y los relatos recorren el siglo XX hasta entrar en el siglo XXI.

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A una mujer que no conozco y a su hija Esther que me contó esta historia.

http://xjanniex.deviantart.com/

Tolstoi escribió alguna vez que el niño reconoce a la madre por su sonrisa. Y en verdad es así, solo que en lugar de dar el nombre de madre a la persona, hombre o mujer, que nos sonríe y nos ama nos hemos acostumbrado a nombrar a la mujer que nos parió… y no siempre es la misma.

Ella era una niña largirucha y deslavazada, fruto de un matrimonio desigual, que termino en un luto prematuro. El luto de una mujer por su alma.

Ella era una niña inteligente y hermosa, fruto de una cierta inconsciencia.

Los días que estaba con su madre en la ciudad, era molesta, pesada y estúpida.

Los días que estaba con su abuelo en el campo, era cantarina, trabajadora y bella.

Los días que estaba en la ciudad no olvidaba su días en el campo.

Los días que estaba en el campo olvidaba por completo sus días de ciudad.

Por que ella era una niña inteligente y hermosa, que desde que nació supo elegir.

Después, claro, ha sido madre. Lo saben sus hijos que la reconocen por la sonrisa.

Historias para cambiar el mundo

Ya somos 34 países los que nos reunimos en este acto de tomar la palabra y cargarla de esperanza. En este rincón de la península ibérica también nos sumamos.

A lxs cuentacuentos, narradores/as orales, cuenteros/as, cuentistas… osea a la gente que nos emociona compartir historias de viva voz, también nos emociona saber que lo que uno cuenta es un forma de crear vinculo, de hacer pensar con sentimiento. Creo que a este mundo nuestro occidental y occidentalizado, le sobra logica y le falta sentimiento. A veces el sentimiento que le falta es de culpa (que reconocer los errores es un paso en el camino de enmendarlos), le falta sentimiento de colectividad, le falta fraternidad, que es desde luego, un sentimiento.

En Badajoz, algunas personas, también queremos cambiar el mundo y nos vamos a dar cita para recrear un momento del imaginario colectivo, cuando una mujer valiente, sin más arma que su inteligencia, se puso en primera fila ante la muerte y salvo a sus conciudadanas, a sus amigas y hermanas, de la perversidad del sistema patriarcal. Las mil y una noches.

Desde la asociación Samarana organizamos la tarde-noche del 21 de junio un acto ludico-festivo donde unimos palabra y danza. Yo soy la encargada de la palabra y mis compañeras de hacer hablar al cuerpo, que también tiene su propia forma de lenguaje. En la danza oriental el empoderamiento de la mujer es pleno, es gozoso y es saludable.

De modo que si están en Badajoz capital, pueden venir a compartir con nosotras una hora y media de baile y de cuentos en la Concejalía de Juventud. Calle Ronda del Pilar nº 20, a las 20h.

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Ser y contar XIII

“Tres mil mujeres muertas son un genocidio”, dijo Sherezade a su padre.
“Una hija muerta es el peor horror”, respondió el hombre, transido de dolor.
“No temas, padre. Me has educado en la responsabilidad, debo actuar.”
“Pero, ¡tu quieres ir hacia la muerte!”. Exclamó el anciano
“No padre, contar es vivir… y voy a demostrarlo.”
Carmen Ibarlucea

En busca de un nombre, para un sapo

Estoy preprando la segunda parte de “Las tres cerditas y la inspectora mediomabiental”. Como ya he explicado en más de una ocasión, soy muy ordenada para escribir (manías) y necesito que la historia tenga un titulo, aunque después (aunque casi nunca ocurre) lo cambié, de modo que estoy escribiendo “Frida Loba busca casa”. En esta ocasión la inspectora mediambiental y al cerdita Kora se van por el mundo para conocer otras formas de construcción ecológica, y conocerán a dos constructores con tierra, un padre y un hijo que trabajan juntos.. pero que aún no tienen nombre. ¿Me ayudan?

Mansaborá y las llaves de Cáceres

Fue una noche del 23 de abril, de 1229, cuando el ejercito cristiano logró tomar la ciudad de Cáceres. Pero no fue gracias a la violencia de la batalla sino a la confianza del amor.

El kaid de la ciudad tenia una hija, dicen que era su única hija, a la que amaba sobre todas las cosas. La joven conoció a un apuesto capitán cristiano que servia en el ejercito de Alfonso IX de León y se enamoro de él. De ella podemos decir que era un amor sincero, que era un amor honesto, que era un amor que se anteponía a todo… a la herencia cultural, al origen, a la religión y al dinero. De él no podemos decir nada. Nunca sabremos si mintió a la joven para lograr su propósito, si fue sincero pero cobarde y la traiciono.
Ella acudía al encuentro de él atravesando un pasadizo subterráneo que tenia su salida en el callejón de la Mansa Alborada, y de ahí toma su nombre la mora Mansaborá, ella tenia las llaves que abrían y cerraban el callejón y por ende la ciudad. Pero él logro persuadiría para hacerlo al revés, quedarse ella en casa esperándolo para poder así conversar más y mejor en sus cómodos aposentos. Pero el capitán, en lugar de acudir a la cita amorosa, entro en la ciudad acompañado por varios de sus soldados, mientras una pequeña parte del ejercito cristiano simulaba un asedio a la muralla para distraer al ejercito árabe.

Fue así como la ciudad de Cáceres paso a ser parte de los reinos cristianos de la Edad Media. ¿Y la doncella se preguntaran ustedes? El kaid, que la amaba y no podía darle muerte, la castigo a vivir en el pasadizo secreto, y allí su espíritu continua vagando y de allí sale cada noche del 23 de abril para buscar las llaves que entrego confiada. Pero para no ser descubierta sale en forma de gallina, aunque las plumas de oro la delatan.

Un cuento sin titulo

Cuando vivíamos en Madrid, en una vida anterior hace unos 15 años, acudimos una noche al restaurante “Subiendo al sur” para escuchar a Boni Ofogo. Aquella noche contó varios cuentos que no recuerdo y dos que nunca he olvidado. En mi estancia en Trujillo, durante la Feria del Libro, el viernes cuando tenia una cita con las niñas y los niños del colegio Sagrado Corazón de Jesús, se asomo a mis labios una de aquellos cuentos. Al terminar el taller, algun@s niñ@s me preguntarón: “¿Cómo se titula el cuento?”… “pues no lo sé, pero podríamos buscarle un nombre” y me comprometí a escribirlo aquí, para que entre todxs busquemos un titulo.

Lo que les voy a contar lo escuché en la voz de Boni Ofogo, pero no es exactamente lo que él nos contó, es lo que yo recuerdo… y siempre son cosas diferentes.

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Hace mucho, mucho tiempo. Al principio del mundo no existían las personas. Los brazos, las piernas, las orejas y las narices vivían sus vidas independientemente las unas de las otras. Todos los miembros compartían el mismo poblado a orillas de una inmenso y maravilloso lago.
El lago era un lago mágico. Se decía que cualquier cosa que cayera dentro del lago, nunca, nunca volvería a salir de allí.
Pero, un día sucedió algo que lo cambio todo para siempre.
Vivían en aquel poblado dos amigos, muy, muy amigos. Eran el brazo y la boca. Les gusta salir a pasear juntos, sentir el viento en su cara y disfrutar del sol. Aquel día, los dos amigos caminaban por la orilla del lago, cuando la boca comenzó a sentir hambre (eso era muy normal en la boca). Intento distraerse hablando de otras cosas, pero los peces que vivían en el lago no dejaban de asomarse a la superficie mostrando su lomo plateado… y la pobre boca casi podía sentir su sabor en la lengua. Y se le ocurrió una idea que le pareció genial.
– amigo brazo – exclamo- préstame tu lanza para pescar uno de estos sabrosos peces.
Pues el brazo tenia una lanza magnifica que habían tallado entre todos los brazos de su familia.
– no, no – rehúso el brazo- ya sabes que si cae al lago nunca podremos recuperarla.
Pero la boca insistió tanto… y finalmente hizo una promesa tal, que el brazo accedió a prestarle su lanza, pues la boca prometió que si la lanza caía al lago, ella misma entraría al lago a rescatarla.
Tal como imaginan, la boca tomo la lanza entre sus labios, se concentro en uno de los peces cercanos a la orilla y … ¡lanzó!
El brazo al ver como su lanzase hundia en las profundidades del lago, sin haber siquiera tocado al pez comenzó a gritar: “¡ve por ella!” pero la boca temblaba de miedo.
– no querrás que entre en el lago del que nadie ha podido salir ¿verdad?
Pero el brazo insistía argumentando: “lo prometiste”
La discusión parecía no tener fin, y fue por ello que aquella noche la presentaron al consejo de los ancianos. Los miembros más viejos del pueblo escucharon con atención y deliberaron. Su decisión fue que no había opción para la boca. Ella había prometido y debía cumplir, pues fue bajo los términos de esa promesa que el brazo realizo el préstamo.
Todos los miembros del pueblo se congregaron junto al lago para dar su adiós a la boca. Todas las bocas lloraban y se lamentaban, y nuestra amiga la boca, tomando aire comenzó su inmersión.
Una vez bajo las aguas del lago la boca descubrió verdaderas maravillas. El fondo del lago además de peces y plantas acuáticas estaba lleno de objetos maravilloso que habían ido cayendo allí a lo largo de los años. Buscando, buscando, la boca encontró una bola blanca y brillante que la dejo fascinada, “sí logro salir me la llevaré conmigo” pensó. Finalmente y tras mucho revolver, la boca dío con la lanza, regreso a por su esfera blanca y con ambas regreso a la superficie.

Nadie la esperaba en la orilla del lago, de modo que se acerco al pueblo con sus tesoros anunciando a voces su regreso. Todos los miembros de la comunidad se regocijaron con su regreso y decidieron hacer una fiesta aquella misma noche.

La boca estaba en su salsa. Contando las maravillas que había visto en el fondo de lago, disfrutando de ser considerada la más valiente y presumiendo de su hermoso tesoro, aquella esfera blanca y brillante. Hablaba con todo el mundo… menos con el brazo.
El brazo le hacia gestos. El brazo se acercaba a saludar. El brazo pedía perdón. Y hacia la media noche, la boca se fue aplacando y lo perdono. Animado por el perdón de la boca el brazo se atrevió a pedirle permiso para jugar con la esfera blanca.
– Pero, ¿y si la rompes? – preguntó la boca.
– Prometo tener mucho cuidado para no romperla, y no la perderé.

Y fue así como el brazo comenzó a jugar con aquella hermosa esfera. La sujetaba en su mano y con suavidad la lanzaba al aire. Al principio muy despacio y después, cada vez, con más entusiasmo haciendo que subiera un poco más,y un poco más y más… y …¡muy alto! Cada vez que el brazo lanzaba la esfera al aire está volvía a caer, pero una de las veces… la última, la esfera subió tan alto, tan alto, tan alto… que se quedo enganchada en el cielo de la noche. El brazo se estiro todo lo que puedo para alcanzarla, pero no lo logro.

La boca dijo cosas tan feas que no me atrevo a repetirlas aquí. Todos los brazos intentaron ayudar a su amigo, apoyándose los unos en los otros, pero no lograban sostenerse rectos. Finalmente todos los miembros se pusieron de acuerdo. Las piernas, firmemente sujetas al suelo por los pies, sostenían a las caderas, que sujetaban a los vientres, que sostenían a los pechos, que sostenían a los cuellos, que sostenían a las cabezas donde los ojos se colocaron para poder ver bien a donde dirigir los brazos. Pero no lograron llegar al cielo de la noche para recuperar el tesoro de la boca.

El consejo de los ancianos se reunió a deliberar. Era claro que el brazo no había roto la esfera, ni la había perdido, sin embargo algo debía hacer para compensar a la boca de no poder disfrutar de la cercanía y el tacto de su esfera. Fue por eso que decidieron que debía ofrecerle una compensación.
– Dado que no puede reintegrar la esfera a la boca, deberá compensarla trabajando para ella cada día de su vida.

Y así ha sido desde entonces.

¿Y la esfera? me preguntareis. Podéis verla con vuestros propios ojos algunas noches en el cielo nocturno. Otras noches puede parecer que no está o que se ve a medias, pero hasta ahora ni se ha perdido, ni se ha roto.

Los labios de Gloria

Hoy nos han invitado al programa de radio “El sol sale por el oeste” de Canalextremadura radio, a Cris Purrusalda, Mariola del Pozo y a mi.

Para escuchar el programa AQUÍ

La propuesta era escribir algun microcuentos con el tema “Los labios de Gloria” estas han sido mis aportaciones.

Bienvenidos

– Bienvenidos a bordo.
Esas son las palabras que han marcado su vida.
Sesenta y un años y más de ciento sesenta hombres con los que compartir casa.
– ¿por qué lo hace?
– sencillamente creo en el amor. Es su respuesta concisa.
Miro alrededor. Todo es así sencillo y conciso. Los muebles necesarios y confortables, sin excesos.
Los colores cálidos. Las conversaciones mesuradas. Los enojos, cuando los hay, contenidos.
Los hombres que pasan por la vida de Gloria han buscado la muerte. Han estado en la calle, han
conocido el desprecio, han inspirado temor. Pero ahora no.
Son los labios de Gloria quienes obran el milagro. Sus labios sonrientes. Sencillos y concisos, sin subvenciones, con afecto, dice:
– Bienvenidos a mi vida.

Cada tres meses

Repugnancia era lo que expresaban la mayor parte de las veces.
Cuando nació sus labios eran tan hermosos como todos los labios. Fue después, con el tiempo y el desdén, que se curvaron en una mueca tan desagradable que al mirarla uno siempre sentía una punzada de dolor.
¡Pobre Gloria! Sola tras el divorcio. Con los hijos viviendo tan lejos. Atormentando a cuantas mujeres que movidas por la necesidad llegaban a su vida, para limpiar, cocinar y aguantar sus desplantes. Una cada tres meses.

Por 300 euros

Por solo trescientos euros se puede tener el volumen labial y el arco de cupido de Angelina Jolie.
No es mucho dinero.
Llevaba invertida en su nueva identidad más de dieciocho mil euros, no iba a pararse ahora a pensar en sí gastar o no gastar esos trescientos.
Su nuevo nombre era Gloria y quería que así se sintieran sus besos.

Confidencias (versión extendida)

Hace una semana, desde Japón, me llego una propuesta de colaboración en un estudio sobre la maternidad en el mundo de habla hispanica. Buscaban testimonios sobre como viven las mujeres latinoamericanas su maternidad en medio del mundo de la productividad. Finalmente este proyecto no ha ido adelante, o es lo que me han dicho para agradecerme mi colaboración e informarme de su no publicación.

Pero ya que lo he escrito… lo voy a compartir con ustedes. Lo he recordado al hilo de la lectura del capitulo del nuevo libro de Laura Mascaró “Sin escuela”, el capitulo que nos comparte Laura en su blog lleva por titulo: “Homeschooling, feminismo y economía doméstica”

La continuación de mi narración “Confidencias” es está:

(…)

Mi vida tan normal se completó con un feliz matrimonio heterosexual. Y hasta ahí llego la normalidad.
Tengo dos hijos, varones, al nacer los vestí con toda la gama de colores, del blanco al negro, pasando por rojo, rosa (“¡qué niña tan bonita!”), verde y azul. Han dormido, la infancia entera, bajo formas fluorescentes en habitaciones con balones, camiones, cocinitas, herramientas de madera, muñecos y muñecas. Ahora, adolescentes, lloran como hombres cuando tienen una pena… ¡pero no se depilan las piernas! Sería un pequeño fracaso de esta madre feminista.
Educados sin escuela, mis hijos, me han dado el mejor de los regalos. Un trabajo loco, para una madre loca. Contarles cuentos, jugar con ellos, escuchar sus reflexiones se ha transformado en el pan y la sal de nuestro hogar. ¿Quién iba a imaginar que se pueden contar cuentos y cobrar por ello? ¿Quién iba a imaginar que de sus preguntas incesantes brotarían libros?
Le pedí a la vida el 100% de todo lo que es importante para mi, y me lo ha dado. Quería ser madre a jornada completa, y metí a mis hijos en el juego de vivir, quería independencia económica y reconocimiento social, y mis hijos me dieron las herramientas. ¿Estabilidad, seguridad? Eso no lo he pedido, será que no lo necesito.
Pero no todo es atípico en mi vida. En este hogar donde lo hablamos todo, TODO, no todo está patas arriba. A veces he dicho “no” rotundamente… no es por ser madre que tengo miedo, pero tengo miedo. No he querido que mis hijos salgan al mundo demasiado rápido. He querido que su infancia se alargue como se ha alargado la esperanza de vida. No quiero que se enfrenten a las drogas o el alcohol antes de saber quienes son, por que fuman o beben. Les he dicho: “No se puede tener todo a la primera. Hay que saber quererse, pero también hay que saber esperar, teniendo el objetivo claro” y he añadido, con un guiño cómplice que buscaba una sonrisa… “no saldrían hasta la madrugada, ni aunque fueran chicas”.

Carmen Ibarlucea